Conoce como volverán nuestras ciudades a la «normalidad»

¿Se puede imaginar un futuro en el que las personas se reúnan de nuevo?¿Seremos capaces de volver a descubrir el encanto en nuestra experiencia urbana?.

Cuando se desató la pandemia del COVID-19, comenzó a circular escenarios apocalípticos acerca de nuestro futuro, cambios drásticos en la vida urbana, evitando los contactos con el alrededor cercano. Pero todas las corrientes mudaron rápidamente hacia la habilitación y celebración de espacios físicos compartidos. Ha llegado el momento de volver a imaginar los espacio públicos urbanos que contribuyan al bienestar colectivo y a la creciente necesidad de una infraestructura flexible y resiliente.

¿Podemos encontrar oportunidades en las restricciones?

Para que las sociedades saludables prosperen, se necesita <<chocar unos con otros en el curso ordinario de la vida>>. Las conexiones informales que se generan son esenciales para garantizar un sentido de comunidad y cuidado de los demás, caras familiares y desconocidas por igual.

Teniendo esto en cuentas, las medidas de seguridad son una oportunidad de permitir experiencias colectivas transformativas. La distancia física da lugar a transformaciones del espacio positivamente. Si los cuerpos deben permanecer físicamente separados, el tiempo se convierte en un factor que puede unirlos, al hacer alguna actividad al mismo tiempo en diferentes espacios o en momentos diferentes. Cuando diseñamos para una interacción o distancia sin contacto, podemos elegir un diseño mas alla del tacto o mas allá de la proximidad, logrando que la vida publica sea mas sensorial, ágil y más conectada. Lejos de las políticas de control, este cambio de perspectiva define espacios accesibles y equitativos.

Imaginar con inteligencia

La infraestructura urbana en su conjunto se reimagina con la experiencia humana y la escala como parte nuclear. Hoy en día, tenemos la capacidad tecnológica de diseñar mas allá de lo funcional para servir a lo experiencial. Las mismas tecnologías inteligentes utilizadas para optimizar los procesos urbanos pueden originar sorpresas espontaneas. Dando lugar a experiencias fascinantes que ayudan a conectar a las personas en un mundo físico. La magia de reunirse, de compartir encuentros improbables, genera sorpresa y placer. En este momento nuestro entorno urbano esta mejorando en la gestión de recursos e información, pero una ciudad exitosa no es solo un conjunto de procesos optimizados. También debería permitir que sucedan escenarios que conectan en un nivel superior, lo que en ultima instancia conduce a comunidades mas fuertes y resiliente.

Así que… ¿es este el fin de la vida pública?

La verdad es que este parece ser el mejor momento para convertir la ciudad en lo que debe ser. Mas inclusiva, mas justa, mas resiliente y mas transitable. En todo caso, la crisis actual nos mostro que necesitamos mas colaboración entre los extraños para tener ciudades saludables y que la vida publica puede ayudar a dar forma a estas conexiones. La crisis pandémica nos demostró que el actuar de los usuarios es poderoso. Y que necesitamos alegría, alegría que nos permite conectar fácilmente con nuestros vecinos generando confianza, confianza que genera comunidades fuertes y comunidades que puede hacer lo que se propongan.

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